5 “tips” y apreciaciones para tener en cuenta al ir de compras en Estados Unidos

En honor a todos los extranjeros que como yo disfrutan de las compras a un nivel casi compulsivo, al reciente Black Friday y al próximo Cyber Monday, paso a enumerar una serie observaciones recavadas tras largas y sacrificadas horas de shopping en Estados Unidos:

  1. Devoluciones. Algo que me parece excelente como consumidora es que todas las tiendas en las que he comprado aceptan devoluciones por reembolso “no questions asked”. Esto quiere decir que si no estoy contenta con el producto, cambié de opinión, no me quedó bien o es defectuoso, puedo devolverlo y pedir que me reintegren mi dinero sin que nadie me haga problema y sin importar el método de pago que haya utilizado. Obviamente, el producto tiene que estar en las mismas condiciones en que lo compré y siempre hay un límite de tiempo para hacer esto. Anécdota: una vez compré una chaqueta en un local en un shopping, y al rato encontré una muy parecida y más barata en otra tienda. Compré la más barata también, volví a la primera tienda y devolví la más cara por un reembolso. Todo esto en una hora. No tuve ningún inconveniente.
  2. Servicio. Una vez más, tengo que destacar el servicio, tan bueno que a veces hasta molesta. No es extraño que las tiendas tengan a una persona a la entrada recibiendo a los clientes con una gran sonrisa, un “bienvenidos” y un breve resumen de las ofertas del día. Tampoco es raro recorrer un local y que se te acerquen dos o tres empleados a preguntarte si está todo bien y si precisás ayuda. En varias tiendas de ropa, si ven que estás agarrando muchas prendas, te ofrecen una bolsa de compras o “abrirte un probador”, esto es: te llevan las prendas que andás cargando a un probador y te lo reservan hasta que estés listo/a para probarte. Todo esto por supuesto varía según el lugar y el volumen de clientela: cuando la gente inunda la tienda, mejor no esperar atención personalizada.
  3. Tecnología al servicio de la experiencia de compra. En Estados Unidos, la gran mayoría de las tiendas cuentan con gadgets electrónicos que reducen las esperas y las demoras. Por ejemplo: en las tiendas de ropa o zapaterías, los empleados rara vez van físicamente a buscar otro talle. En su lugar tienen una vincha o algún tipo de dispositivo que utilizan para comunicarse con la gente que trabaja “tras bambalinas” y hacerles preguntas de stock. Si el talle o color está disponible, estas mismas personas suelen ser las encargadas de traerlo. Un caso extremo que recuerdo es una tienda de Nike donde tienen un “ascensor” donde viajan las cajas con championes desde el depósito si se las solicita. Otro ejemplo son los POS (la máquina donde se pasa la tarjeta de crédito) que en casi todos los locales comerciales de Estados Unidos son “auto-service”, es decir que uno pasa su propia tarjeta, acepta el importe y firma, todo en una pantalla digital con un lapiz óptico. El empleado nunca toca tu tarjeta y evita el uso de vouchers de papel y lapiceras.
  4. Price-matching. Consiste en equiparar el precio de la competencia o devolver la diferencia. Es decir, si compro un artículo en un comercio y al otro día lo encuentro más barato en otro lado, puedo volver al lugar donde lo compré llevando evidencia del precio de la competencia y preguntar si me devuelven la diferencia. A veces no hace falta llegar a comprar, se puede ir directamente a la tienda mostrando que la competencia ofrece un precio más bajo y te lo igualan en el momento. El price-matching no se ofrece en todos lados, pero nunca está demás preguntar, ya que es bastante común.
  5. Respetar el precio ofrecido, sin importar si es erróneo. A veces pasa que los precios ofrecidos en un sitio web, catálogo o cualquier tipo de material promocional de una empresa no están actualizados o son erróneos. Bueno, en Estados Unidos, si presento dicho material promocional en el comercio, están obligados a respetar el precio. Esto parecería ser ética básica para cualquier empresa seria, pero me ha pasado más de una vez en Uruguay que no se hagan cargo.

Salir de compras en Estados Unidos suele ser una experiencia disfrutable, salvo en días de histeria colectiva como el Black Friday, donde se pueden ver situaciones como esta.

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