What is your ethnicity?

La primera vez que me encontré con esta pregunta fue completando una solicitud para inscribirme en un curso de inglés en Nueva York. Sobre el final del formulario, me pedían que eligiera mi grupo étnico y me daban estas opciones:

  • Hispano o latino
  • Indio americano o nativo de Alaska
  • Asiático
  • Negro o afroamericano
  • Nativo de Hawaii o de otra isla del Pacífico
  • Europeo
  • Blanco

Jamás en un formulario uruguayo me habían preguntado mi grupo étnico. Si bien el texto aclaraba que no era obligatorio responder, no me gustaba la idea de dejar una pregunta en blanco, así que me dispuse a elegir una de las opciones. Pero, ¿cuál? Uruguay es parte de América Latina, así que eso me haría hispana o latina. Mis ancestros eran todos europeos, así que eso me haría europea. Tengo tez clara, así que eso me haría blanca.

En la escuela me enseñaron que existen tres etnias: blanca, amarilla y negra, y esta división se basa en el color de piel. Con esta premisa en mente fue que interpreté las tres opciones anteriores como distintos matices de color: hispano o latino equivalía a piel medianamente oscura, europeo a piel muy blanca,  y blanco a piel blanca, así que después de un par de minutos de indecisión terminé marcando white.

No tardé en darme cuenta que este formulario no era una excepción. Esta pregunta aparece todo el tiempo en distintos formularios provenientes de distintas entidades estadounidenses, públicas y privadas. Tras discutir el tema con varios lugareños me enteré de que la clasificación que me corresponde es hispana o latina, no por mi color de piel sino por provenir de un país de cultura u origen español. Si bien no me molesta pertenecer a esta categoría, no termino de sentirme identificada, ya que exceptuando el idioma, hallo que tengo muy poco en común con el estereotipo asociado con los habitantes hispanos de Estados Unidos, tanto física como culturalmente.

También me enteré de que la cuestión de la raza o grupo étnico en este país es un tema sensible, y como en todo tema sensible, existe una serie de normas de vocabulario políticamente correcto a ser utilizado (dícese: eufemismos). Algunas personas hasta me recomendaron no hablar al respecto, punto, como si se tratase de religión o de política.

Claramente esta sensibilidad proviene de una historia de seria discriminación racial que persiste hasta hoy en día. Pero si es una cuestión tan delicada, ¿por qué la pregunta aparece con tanta frecuencia en tantos formularios? Por las estadísticas. Organismos, instituciones y empresas precisan y quieren saber el origen étnico de sus miembros, empleados y/o estudiantes para asegurarse de que no exista discriminación. Por ejemplo: una universidad que se supone no discrimina pero que tiene estadísticas que muestran que el 95% de su alumnado es blanco, tiene un problema. Tan importantes son estas estadísticas que a veces resultan en un fenómeno llamado “racismo positivo” o “discriminación inversa”, que consiste en otorgar becas, oportunidades laborales u otros beneficios a personas provenientes de grupos étnicos minoritarios con el fin de promover la diversidad.

Personalmente, me resulta contradictorio que en un país tan diverso como Estados Unidos se le dé tanta relevancia al origen étnico. Si bien estoy de acuerdo con que la discriminación y el racismo son flagelos sociales que existen y que deben ser combatidos, me pregunto si los métodos utilizados de agrupar personas en categorías imprecisas y convertirlas en números, tablas y gráficas no están contribuyendo al problema en lugar de ayudar a solucionarlo.