5 claves para no pasar vergüenza en Estados Unidos

A veces los hábitos y las costumbres que traemos de Uruguay nos pueden hacer pasar momentos un tanto embarazosos. Yo puedo decir que sufrí en persona las situaciones que enumero a continuación. Si bien no son graves, me han hecho ponerme colorada mas de una vez.

  1. Las puertas se abren hacia afuera. Este es el habito mas traicionero, porque es casi subconsciente. En mi caso, requirió que me llevara puestas varias puertas antes de sacarme la costumbre de abrirlas hacia adentro. Investigando un poco descubrí que esto tiene una razón de ser (ademas de hacerme pasar vergüenza): en caso de incendio o de cualquier emergencia donde un cumulo de gente tenga que salir corriendo del establecimiento, tiene mucho sentido que las puertas se abran hacia afuera para facilitar la salida en lugar de abrirse hacia adentro y convertirse en un obstáculo.
  2. No hay que darle la tarjeta al cajero. En Uruguay, a la hora de pagar en una tienda o un supermercado, se le entrega la tarjeta al cajero (el humano que trabaja en la caja) para que complete la transacción. Acá, si le doy la tarjeta a un cajero me queda mirando con cara de “¿Qué hacés?” y me señala la maquinita para que yo pase la tarjeta y firme en la pantallita.
  3. No existe el pistero. Esto en general nos lo ensenan las películas y ya lo tenemos claro cuando venimos a Estados Unidos, pero a veces la costumbre nos traiciona y al entrar a la estación de servicio quedamos parados esperando que venga alguien a atendernos hasta que nos avivamos de que acá es todo “self service”.
  4. Las monedas son traicioneras. Contrario a lo que pasa en Uruguay, las monedas en Estados Unidos no tienen grabado el número del valor que representan. En su lugar el valor aparece escrito. Por ejemplo: “Five cents” en lugar de un 5. Para colmo, existe una moneda que, pese a valer diez centavos, tiene escrito “One dime” (como si una tuviera que nacer sabiendo qué es un dime) y es más chica que la de cinco centavos, pese a valer el doble. Esto me ha llevado a situaciones incómodas cuando estoy contando las monedas para pagar en algún lado.
  5. Se puede doblar a la derecha con luz roja. Excepto muy contadas excepciones (que incluyen a la ciudad de Nueva York) en Estados Unidos se puede doblar a la derecha con luz roja, salvo que un cartel indique lo contrario. Esto significa que si tengo el señalero puesto y me quedo parada en la esquina esperando la luz verde pese a que no viene nada, es muy probable que el auto que viene atrás se impaciente y me pegue un buen bocinazo.

Como dije anteriormente, es todo cuestión de sacarse las costumbres, pero a alguno que otro le puede servir estar al tanto de estos detalles con antelación. 

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5 “tips” y apreciaciones para tener en cuenta al ir de compras en Estados Unidos

En honor a todos los extranjeros que como yo disfrutan de las compras a un nivel casi compulsivo, al reciente Black Friday y al próximo Cyber Monday, paso a enumerar una serie observaciones recavadas tras largas y sacrificadas horas de shopping en Estados Unidos:

  1. Devoluciones. Algo que me parece excelente como consumidora es que todas las tiendas en las que he comprado aceptan devoluciones por reembolso “no questions asked”. Esto quiere decir que si no estoy contenta con el producto, cambié de opinión, no me quedó bien o es defectuoso, puedo devolverlo y pedir que me reintegren mi dinero sin que nadie me haga problema y sin importar el método de pago que haya utilizado. Obviamente, el producto tiene que estar en las mismas condiciones en que lo compré y siempre hay un límite de tiempo para hacer esto. Anécdota: una vez compré una chaqueta en un local en un shopping, y al rato encontré una muy parecida y más barata en otra tienda. Compré la más barata también, volví a la primera tienda y devolví la más cara por un reembolso. Todo esto en una hora. No tuve ningún inconveniente.
  2. Servicio. Una vez más, tengo que destacar el servicio, tan bueno que a veces hasta molesta. No es extraño que las tiendas tengan a una persona a la entrada recibiendo a los clientes con una gran sonrisa, un “bienvenidos” y un breve resumen de las ofertas del día. Tampoco es raro recorrer un local y que se te acerquen dos o tres empleados a preguntarte si está todo bien y si precisás ayuda. En varias tiendas de ropa, si ven que estás agarrando muchas prendas, te ofrecen una bolsa de compras o “abrirte un probador”, esto es: te llevan las prendas que andás cargando a un probador y te lo reservan hasta que estés listo/a para probarte. Todo esto por supuesto varía según el lugar y el volumen de clientela: cuando la gente inunda la tienda, mejor no esperar atención personalizada.
  3. Tecnología al servicio de la experiencia de compra. En Estados Unidos, la gran mayoría de las tiendas cuentan con gadgets electrónicos que reducen las esperas y las demoras. Por ejemplo: en las tiendas de ropa o zapaterías, los empleados rara vez van físicamente a buscar otro talle. En su lugar tienen una vincha o algún tipo de dispositivo que utilizan para comunicarse con la gente que trabaja “tras bambalinas” y hacerles preguntas de stock. Si el talle o color está disponible, estas mismas personas suelen ser las encargadas de traerlo. Un caso extremo que recuerdo es una tienda de Nike donde tienen un “ascensor” donde viajan las cajas con championes desde el depósito si se las solicita. Otro ejemplo son los POS (la máquina donde se pasa la tarjeta de crédito) que en casi todos los locales comerciales de Estados Unidos son “auto-service”, es decir que uno pasa su propia tarjeta, acepta el importe y firma, todo en una pantalla digital con un lapiz óptico. El empleado nunca toca tu tarjeta y evita el uso de vouchers de papel y lapiceras.
  4. Price-matching. Consiste en equiparar el precio de la competencia o devolver la diferencia. Es decir, si compro un artículo en un comercio y al otro día lo encuentro más barato en otro lado, puedo volver al lugar donde lo compré llevando evidencia del precio de la competencia y preguntar si me devuelven la diferencia. A veces no hace falta llegar a comprar, se puede ir directamente a la tienda mostrando que la competencia ofrece un precio más bajo y te lo igualan en el momento. El price-matching no se ofrece en todos lados, pero nunca está demás preguntar, ya que es bastante común.
  5. Respetar el precio ofrecido, sin importar si es erróneo. A veces pasa que los precios ofrecidos en un sitio web, catálogo o cualquier tipo de material promocional de una empresa no están actualizados o son erróneos. Bueno, en Estados Unidos, si presento dicho material promocional en el comercio, están obligados a respetar el precio. Esto parecería ser ética básica para cualquier empresa seria, pero me ha pasado más de una vez en Uruguay que no se hagan cargo.

Salir de compras en Estados Unidos suele ser una experiencia disfrutable, salvo en días de histeria colectiva como el Black Friday, donde se pueden ver situaciones como esta.

11 cosas que conviene saber antes de salir a comer en Estados Unidos

Una de mis actividades preferidas –cuando se puede– es salir a comer afuera. Este es uno de los ámbitos en los que he notado más diferencias con los hábitos uruguayos, así que para los que no estén muy familiarizados con las costumbres gastronómicas de estos pagos, les comparto algunas observaciones:

  1. Horarios. Es sabido que los estadounidenses almuerzan temprano y cenan temprano (no necesariamente se acuestan temprano, sobre todo si son jóvenes). Por lo cual, es común que la mayoría de los restaurantes cierren a las 22:00 hs. Por otro lado, casi todos están abiertos de corrido de 11:00 a 22:00, no como en Uruguay donde es común que los locales gastronómicos cierren entre las 16:00 y las 20:00. Acá si a uno se le antoja cenar un plato de pasta a las cuatro y media de la tarde, puede hacerlo sin problema.
  2. La merienda no existe. Mi marido nunca pudo entender esa costumbre que tenemos los uruguayos de comer “panes” a las 6 de la tarde. Por supuesto que se pueden conseguir donuts, muffins y similares y comprarse un cafesito o un té por ahí, pero no es un hábito de los nativos. No he encontrado aún locales que sirvan el uruguayísimo té para dos. La falta de merienda es en parte lo que hace que a las 7 de la tarde estén muertos de hambre y se dediquen a cenar.
  3. Acá también existe el almuerzo ejecutivo. De lunes a viernes, en general de 11:00 a 15:00, la gran mayoría de los lugares ofrece un menú de “lunch” con precios promocionales y de rápida preparación.
  4. División en base a nacionalidad de la cocina. Como uruguaya estoy acostumbrada a que la mayoría de los lugares sirvan “de todo”. Sin embargo, en Estados Unidos es muy fuerte la categorización de los restaurantes en base a la nacionalidad de la comida. Cuando queremos salir a comer, no debatimos sobre el lugar, si no sobre si tenemos ganas de comer comida mexicana, “americana”, meditarránea, italina, etc. Lo más probable es que en el restaurante de comida mexicana no sirvan pasta, por ejemplo.
  5. “Please wait to be seated”. En la gran mayoría de los restaurantes que no son cadenas de comida rápida, uno es recibido a la entrada por una hostess cuyo trabajo es asignar mesas a los comensales cuando llegan al local. Entrar y sentarse donde a uno se le de la gana en general está mal visto. Sí se puede preguntarle a la hostess si cierta mesa está disponible o solicitar, por ejempo, una mesa junto a la ventana. No es obligatorio sentarse en la primera mesa que la hostess sugiera.
  6. “Table for one”. En Uruguay es un poco raro ver gente comiendo sola en un retaurante, y cuando sucede, la persona suele sentirse un poco observada. Acá es lo más común del mundo y nadie se inmuta.
  7. Servicio. Debo admitir que he notado la diferencia en el servicio ofrecido por los mozos de acá. En general, son sumamente atentos (a veces hasta demasiado, pasando a preguntarte si está todo bien 3 o 4 veces por comida). Tengo recuerdos de Uruguay de poco más tener que hacerle señales de humo al mozo para que traiga el salero o la cuenta, situación que por ahora acá no se ha dado.
  8. Propinas. El porcentaje de propina varía según la ciudad y el estado, pero en general va de un 15 a un 20% dependiendo de la calidad del servicio. Cuidado, porque en algunos lugares la propina va incluida en la cuenta (ya sea como “tip” o como “gratuity”). La mayoría de los locales tienen como regla que si se sirve a una mesa de 6 o más comensales, la propina se incluye automáticamente (con la opción a agregar un adicional al momento de pagar la cuenta). Si se paga con tarjeta de crédito, en el voucher vienen dos rayitas en blanco donde incluir la propina y el total.
  9. Autorizaciones pendientes en tarjetas de crédito. Esto es algo que aprendí de mala manera. Al pagar una cuenta del rubro gastronómico con tarjeta de crédito, en general al pasar la tarjeta el mozo o el encargado pide una autorización entre un 20 y un 50% superior al total de la comida. ¿Por qué? Porque como la propina se puede agregar en el voucher, tienen que dejar margen. Por ejemplo, si consumí una cena de 20 dólares, el mozo seguramente al pasar mi tarjeta pida autorización por 40 dólares. Cuando me entrega el voucher, yo agrego una propina de 4 dólares, por lo que el cargo total será de 24 dólares. El problema es que la autorización por los 40 dólares puede demorar varios días en desaparecer, y hasta ese entonces “hace bulto” en la tarjeta. Me ha pasado más de una vez de quedarme sin crédito pese a no haber gastado ni cerca del límite de mi tarjeta, y al consultar con el banco me entero de que tengo cientos (y a veces un par de miles) de dólares de autorizaciones pendientes.
  10. “To-go box”. Sin importar qué tan fino sea el restaurante, nunca está mal visto que los clientes pidan llevarse la comida que dejaron para la casa. Todos los locales a los que he ido a comer están equipados con cajitas de distintos tamaños con este propósito.
  11. Cuentas múltiples. Es totalmente aceptado y hasta común pedirle al mozo que divida la cuenta en cuantas partes se requiera. He estado en almuerzos o cenas con hasta seis personas en las que cada uno recibió una cuenta separada… ¡y todos pagaron con tarjeta!

Seguramente me esté olvidando de algún detalle, pero básicamente los puntitos anteriores componen un endecálogo para salir a comer en Estados Unidos.