Consejos para trabajar en Estados Unidos (y/o con estadounidenses)

Después de pasar 3 años de mi vida en Uruguay trabajando con clientes estadounidenses en el área de servicios (primero en un call center y posteriormente en software) aprendí que hay ciertas cosas que ellos esperan de una relación laboral que no siempre son el estándar en la cultura latinoamericana. Ahora hace ya casi un año que trabajo en una empresa estadounidense EN Estados Unidos y la experiencia no ha hecho más que reafirmar estas lecciones que aprendí en Uruguay.

  1. Puntualidad. Llegar 5 o 10 minutos tarde a una reunión puede parecer inofensivo en América Latina (yo diría que es casi “lo normal”) pero en Estados Unidos es cosa seria. La impuntualidad se considera una falta de respeto y de profesionalidad. Siempre es conveniente –y genera una buena impresión– llegar por lo menos 5 minutos antes a una reunión, ya sea en persona o por teléfono.
  2. Ir al grano. Los latinos nos tomamos nuestro tiempo para explicar algo, muchas veces dando vueltas y usando –voluntaria o involuntariamente– adornos idiomáticos. Esto irrita profundamente a los estadounidenses, reyes de lo rápido, lo práctico y lo concreto. Personalmente, siempre que escribo un correo electrónico en el trabajo, lo releo varias veces e intento recortarlo lo más posible, puliendo la idea central y deshaciéndome del texto innecesario. Este es un ejercicio que me ha ayudado también a mejorar mis conversaciones en persona y por teléfono.
  3. No a las muletillas. En relación con el punto anterior, el uso excesivo de muletillas (eeeeeeh, aaaaah, hmmmm) puede generar irritación. Esto obviamente depende del dominio del idioma de cada uno, pero como decía mi profe de inglés, “Fluency over accuracy”: siempre es preferible hablar fluido con algún que otro error gramatical que tener cero fluidez y una gramática perfecta.
  4. Cordialidad. Los estadounidenses le dan suma importancia a los modales, en lo personal y mucho más en lo laboral. El uso adecuado de please y thank you puede hacer una gran diferencia en la impresión que generamos en el interlocutor. Por ejemplo, en una entrevista laboral es fundamental agradecer al entrevistador por su tiempo y su interés. Si precisamos algo de un cliente o de un colega, pedirlo en el tono apropiado es importante para no parecer prepotente o maleducado.
  5. No al exceso de confianza. Dentro del marco de los buenos modales, los estadounidenses tienen la reputación de ser bastante descontracturados e informales. Esto a veces puede generar confusión y llevar a metidas de pata al hacer un chiste o un comentario fuera de lugar que en América Latina causaría risas pero en Estados Unidos se considera inapropiado y de muy mal gusto. Esto aplica no solamente a la relación con clientes sino también con compañeros de trabajo. Para ellos existe una línea muy fina entre ser amistoso y ser desubicado, especialmente entre hombres y mujeres.

Estas reglas aplican tanto para entrevistas laborales como para el día a día en el trabajo. Algunas pueden parecer casi contradictorias –como ir al grano sin sonar agresivo o prepotente– pero se trata simplemente de una cuestión de práctica y de observación. También, en mi caso, de ensayo y error.

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La cuestión del saludo en Estados Unidos

Los latinos somos besuqueros. Y dentro de los latinos, los argentinos y uruguayos somos los peores (o los mejores, según el cristal con que se mire) gracias a nuestra importante ascendencia italiana. El beso en la mejilla es el saludo por excelencia, ya sea entre hombres y mujeres, entre mujeres o entre hombres. Damos beso cuando llegamos, beso cuando nos vamos, beso cuando nos presentan a alguien, beso cuando nos encontramos con alguien, beso a los amigos y a los conocidos (a veces también a los desconocidos). Y es por eso que cuando me mudé a Estados Unidos, uno de los mayores desafíos fue frenar el reflejo de darle beso a todo el mundo y adaptarme al sistema de saludo de esta región.

En mi post anterior elaboré una lista de situaciones que llevan a momentos incómodos en Estados Unidos, y deliberadamente no incluí el tema del beso porque es tan pero tan incómodo que merecía un capítulo aparte. Si no me creen, pregúntenle a mi esposo estadounidense sobre sus experiencias saludando a mi padre uruguayo. Cuando una es mujer y anda repartiendo besos por Estados Unidos, en general no pasa de ser algo pintoresco, pero si uno es hombre, la incomodidad es extrema y puede convertirse hasta en violencia.

Formas de saludo en Estados Unidos

  1. Dar la mano es sin duda el saludo por defecto en Estados Unidos. Aplica especialmente cuando nos presentan a alguien, pero también como saludo de bienvenida o despedida con gente con la que no tenemos mucha confianza. Es usado entre hombres, entre mujeres y entre hombres y mujeres, y en circunstancias profesionales y sociales.
  2. Decir hola (o adiós) con la mano (conocido en inglés como wave) también es muy común. Cuando llegamos a un lugar con mucha gente que conocemos o no, es habitual hacer un saludo general con la mano en lugar de ir dando la mano uno por uno a todos los presentes. También es la forma de despedirse.
  3. Abrazo. El abrazo es lo más cercano al beso latino. Es un saludo que aplica cuando saludamos a gente de confianza, incluyendo amigos y familia. Sin embargo, en general es un abrazo cordial y amistoso. En otras palabras: no es un abrazo apretado. El abrazo apretado se reserva para circunstancias especialmente afectuosas, por ejemplo cuando nos reencontramos con seres queridos que no vemos hace tiempo.

Muy de vez en cuando podemos llegar a ver un saludo con beso, pero es más bien un delicadísimo “cachete con cachete” y besito al aire. Se estila entre viejos amigos/as y es siempre entre mujeres o entre hombres y mujeres, nunca entre hombres. Ser hombre y darle un beso en la mejilla a una mujer con la que no hay confianza de por medio puede considerarse un atrevimiento, y por ende puede llegar a desembocar en problemas si la mujer está acompañada por otro hombre. Ser hombre y darle un beso a un hombre seguramente sea malinterpretado y lleve a situaciones no deseadas.

Como latinos todo esto nos puede parecer horrible y frío, pero es una realidad cultural que conviene aceptar y respetar cuando estamos de visita o viviendo en Estados Unidos, especialmente cuando interactuamos con personas con las que no tenemos una relación de confianza. Así y todo, con el tiempo me he dado cuenta de que los estadounidenses tienen sus propias formas de ser cálidos sin involucrar contacto físico. La sonrisa y el tono de voz son dos claros indicadores. Que no estén dispuestos a dar o recibir un beso no significa que sean serios y distantes. Simplemente tienen una concepción distinta del “espacio personal”, al cual solo tienen libre acceso la pareja y la familia.

5 claves para no pasar vergüenza en Estados Unidos

A veces los hábitos y las costumbres que traemos de Uruguay nos pueden hacer pasar momentos un tanto embarazosos. Yo puedo decir que sufrí en persona las situaciones que enumero a continuación. Si bien no son graves, me han hecho ponerme colorada mas de una vez.

  1. Las puertas se abren hacia afuera. Este es el habito mas traicionero, porque es casi subconsciente. En mi caso, requirió que me llevara puestas varias puertas antes de sacarme la costumbre de abrirlas hacia adentro. Investigando un poco descubrí que esto tiene una razón de ser (ademas de hacerme pasar vergüenza): en caso de incendio o de cualquier emergencia donde un cumulo de gente tenga que salir corriendo del establecimiento, tiene mucho sentido que las puertas se abran hacia afuera para facilitar la salida en lugar de abrirse hacia adentro y convertirse en un obstáculo.
  2. No hay que darle la tarjeta al cajero. En Uruguay, a la hora de pagar en una tienda o un supermercado, se le entrega la tarjeta al cajero (el humano que trabaja en la caja) para que complete la transacción. Acá, si le doy la tarjeta a un cajero me queda mirando con cara de “¿Qué hacés?” y me señala la maquinita para que yo pase la tarjeta y firme en la pantallita.
  3. No existe el pistero. Esto en general nos lo ensenan las películas y ya lo tenemos claro cuando venimos a Estados Unidos, pero a veces la costumbre nos traiciona y al entrar a la estación de servicio quedamos parados esperando que venga alguien a atendernos hasta que nos avivamos de que acá es todo “self service”.
  4. Las monedas son traicioneras. Contrario a lo que pasa en Uruguay, las monedas en Estados Unidos no tienen grabado el número del valor que representan. En su lugar el valor aparece escrito. Por ejemplo: “Five cents” en lugar de un 5. Para colmo, existe una moneda que, pese a valer diez centavos, tiene escrito “One dime” (como si una tuviera que nacer sabiendo qué es un dime) y es más chica que la de cinco centavos, pese a valer el doble. Esto me ha llevado a situaciones incómodas cuando estoy contando las monedas para pagar en algún lado.
  5. Se puede doblar a la derecha con luz roja. Excepto muy contadas excepciones (que incluyen a la ciudad de Nueva York) en Estados Unidos se puede doblar a la derecha con luz roja, salvo que un cartel indique lo contrario. Esto significa que si tengo el señalero puesto y me quedo parada en la esquina esperando la luz verde pese a que no viene nada, es muy probable que el auto que viene atrás se impaciente y me pegue un buen bocinazo.

Como dije anteriormente, es todo cuestión de sacarse las costumbres, pero a alguno que otro le puede servir estar al tanto de estos detalles con antelación. 

5 “tips” y apreciaciones para tener en cuenta al ir de compras en Estados Unidos

En honor a todos los extranjeros que como yo disfrutan de las compras a un nivel casi compulsivo, al reciente Black Friday y al próximo Cyber Monday, paso a enumerar una serie observaciones recavadas tras largas y sacrificadas horas de shopping en Estados Unidos:

  1. Devoluciones. Algo que me parece excelente como consumidora es que todas las tiendas en las que he comprado aceptan devoluciones por reembolso “no questions asked”. Esto quiere decir que si no estoy contenta con el producto, cambié de opinión, no me quedó bien o es defectuoso, puedo devolverlo y pedir que me reintegren mi dinero sin que nadie me haga problema y sin importar el método de pago que haya utilizado. Obviamente, el producto tiene que estar en las mismas condiciones en que lo compré y siempre hay un límite de tiempo para hacer esto. Anécdota: una vez compré una chaqueta en un local en un shopping, y al rato encontré una muy parecida y más barata en otra tienda. Compré la más barata también, volví a la primera tienda y devolví la más cara por un reembolso. Todo esto en una hora. No tuve ningún inconveniente.
  2. Servicio. Una vez más, tengo que destacar el servicio, tan bueno que a veces hasta molesta. No es extraño que las tiendas tengan a una persona a la entrada recibiendo a los clientes con una gran sonrisa, un “bienvenidos” y un breve resumen de las ofertas del día. Tampoco es raro recorrer un local y que se te acerquen dos o tres empleados a preguntarte si está todo bien y si precisás ayuda. En varias tiendas de ropa, si ven que estás agarrando muchas prendas, te ofrecen una bolsa de compras o “abrirte un probador”, esto es: te llevan las prendas que andás cargando a un probador y te lo reservan hasta que estés listo/a para probarte. Todo esto por supuesto varía según el lugar y el volumen de clientela: cuando la gente inunda la tienda, mejor no esperar atención personalizada.
  3. Tecnología al servicio de la experiencia de compra. En Estados Unidos, la gran mayoría de las tiendas cuentan con gadgets electrónicos que reducen las esperas y las demoras. Por ejemplo: en las tiendas de ropa o zapaterías, los empleados rara vez van físicamente a buscar otro talle. En su lugar tienen una vincha o algún tipo de dispositivo que utilizan para comunicarse con la gente que trabaja “tras bambalinas” y hacerles preguntas de stock. Si el talle o color está disponible, estas mismas personas suelen ser las encargadas de traerlo. Un caso extremo que recuerdo es una tienda de Nike donde tienen un “ascensor” donde viajan las cajas con championes desde el depósito si se las solicita. Otro ejemplo son los POS (la máquina donde se pasa la tarjeta de crédito) que en casi todos los locales comerciales de Estados Unidos son “auto-service”, es decir que uno pasa su propia tarjeta, acepta el importe y firma, todo en una pantalla digital con un lapiz óptico. El empleado nunca toca tu tarjeta y evita el uso de vouchers de papel y lapiceras.
  4. Price-matching. Consiste en equiparar el precio de la competencia o devolver la diferencia. Es decir, si compro un artículo en un comercio y al otro día lo encuentro más barato en otro lado, puedo volver al lugar donde lo compré llevando evidencia del precio de la competencia y preguntar si me devuelven la diferencia. A veces no hace falta llegar a comprar, se puede ir directamente a la tienda mostrando que la competencia ofrece un precio más bajo y te lo igualan en el momento. El price-matching no se ofrece en todos lados, pero nunca está demás preguntar, ya que es bastante común.
  5. Respetar el precio ofrecido, sin importar si es erróneo. A veces pasa que los precios ofrecidos en un sitio web, catálogo o cualquier tipo de material promocional de una empresa no están actualizados o son erróneos. Bueno, en Estados Unidos, si presento dicho material promocional en el comercio, están obligados a respetar el precio. Esto parecería ser ética básica para cualquier empresa seria, pero me ha pasado más de una vez en Uruguay que no se hagan cargo.

Salir de compras en Estados Unidos suele ser una experiencia disfrutable, salvo en días de histeria colectiva como el Black Friday, donde se pueden ver situaciones como esta.