Consejos para trabajar en Estados Unidos (y/o con estadounidenses)

Después de pasar 3 años de mi vida en Uruguay trabajando con clientes estadounidenses en el área de servicios (primero en un call center y posteriormente en software) aprendí que hay ciertas cosas que ellos esperan de una relación laboral que no siempre son el estándar en la cultura latinoamericana. Ahora hace ya casi un año que trabajo en una empresa estadounidense EN Estados Unidos y la experiencia no ha hecho más que reafirmar estas lecciones que aprendí en Uruguay.

  1. Puntualidad. Llegar 5 o 10 minutos tarde a una reunión puede parecer inofensivo en América Latina (yo diría que es casi “lo normal”) pero en Estados Unidos es cosa seria. La impuntualidad se considera una falta de respeto y de profesionalidad. Siempre es conveniente –y genera una buena impresión– llegar por lo menos 5 minutos antes a una reunión, ya sea en persona o por teléfono.
  2. Ir al grano. Los latinos nos tomamos nuestro tiempo para explicar algo, muchas veces dando vueltas y usando –voluntaria o involuntariamente– adornos idiomáticos. Esto irrita profundamente a los estadounidenses, reyes de lo rápido, lo práctico y lo concreto. Personalmente, siempre que escribo un correo electrónico en el trabajo, lo releo varias veces e intento recortarlo lo más posible, puliendo la idea central y deshaciéndome del texto innecesario. Este es un ejercicio que me ha ayudado también a mejorar mis conversaciones en persona y por teléfono.
  3. No a las muletillas. En relación con el punto anterior, el uso excesivo de muletillas (eeeeeeh, aaaaah, hmmmm) puede generar irritación. Esto obviamente depende del dominio del idioma de cada uno, pero como decía mi profe de inglés, “Fluency over accuracy”: siempre es preferible hablar fluido con algún que otro error gramatical que tener cero fluidez y una gramática perfecta.
  4. Cordialidad. Los estadounidenses le dan suma importancia a los modales, en lo personal y mucho más en lo laboral. El uso adecuado de please y thank you puede hacer una gran diferencia en la impresión que generamos en el interlocutor. Por ejemplo, en una entrevista laboral es fundamental agradecer al entrevistador por su tiempo y su interés. Si precisamos algo de un cliente o de un colega, pedirlo en el tono apropiado es importante para no parecer prepotente o maleducado.
  5. No al exceso de confianza. Dentro del marco de los buenos modales, los estadounidenses tienen la reputación de ser bastante descontracturados e informales. Esto a veces puede generar confusión y llevar a metidas de pata al hacer un chiste o un comentario fuera de lugar que en América Latina causaría risas pero en Estados Unidos se considera inapropiado y de muy mal gusto. Esto aplica no solamente a la relación con clientes sino también con compañeros de trabajo. Para ellos existe una línea muy fina entre ser amistoso y ser desubicado, especialmente entre hombres y mujeres.

Estas reglas aplican tanto para entrevistas laborales como para el día a día en el trabajo. Algunas pueden parecer casi contradictorias –como ir al grano sin sonar agresivo o prepotente– pero se trata simplemente de una cuestión de práctica y de observación. También, en mi caso, de ensayo y error.

Guía práctica sobre huevos de desayuno en Estados Unidos

En Estados Unidos, el desayuno es asunto serio. La mayoría de los estadounidenses que conozco lo describen como su comida favorita del día y para muchos es también la más importante. La mayoría de los restaurantes ofrecen un menú de desayuno (algunos lo promocionan como su especialidad), y en ese menú siempre vamos a encontrar como protagonistas a la panceta, la salchicha, las papas, y por supuesto los huevos. Y si pedimos un plato que incluye huevos, el mozo o la moza inevitablemente nos va a preguntar: How do you like your eggs?”

Para ayudar al extranjero que no está familiarizado con las múltiples variedades de preparación del huevo en este país, enumero a continuación las posibles respuestas a esa pregunta y sus implicaciones.

1. Scrambled

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Fuente: Brown Eyed Baker

Los famosos huevos revueltos. Se les puede agregar queso y condimentos varios.

 

2. Sunny side up

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Fuente: Tablespoon.com

A pesar del nombre curioso, se trata nada más y nada menos que de un huevo frito. En Estados Unidos hay diferentes puntos de cocción para un huevo frito, y sunny side up vendría a ser el huevo frito “jugoso”, cuando la yema está bien liquida (ideal para ser rota con un pan).

 

3. Over easy

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Fuente: Yes, I Want Cake

Es el segundo punto de cocción del huevo frito. He visto gente cocinarlo “vuelta y vuelta” (frito de los dos lados) o gente que lo fríe como un huevo frito común (de un solo lado) y después tapa la sartén por unos minutos para cocerlo un poco más. La yema sigue siendo líquida.

 

4. Over hard

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Fuente: SafeEggs.com

Es el tercer punto de cocción del huevo frito. Se fríe de los dos lados hasta que la yema queda sólida.

 

5. Poached

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Fuente: Simply Recipes

Se trata simplemente del huevo que se hierve sin cáscara.

 

6. Hardboiled

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Fuente: nomnompaleo.com

Nada más y nada menos que nuestro viejo y querido huevo duro (hervido con la cáscara y posteriormente pelado).

 

Los uruguayos no estamos acostumbrados a desayunar pesado (hace un año que vivo en Estados Unidos y me sigue generando rechazo la idea de comer huevo frito y salchicha a las 8 de la mañana) pero a los que vienen de visita les recomiendo probar el desayuno “americano” al menos una vez como experiencia.

Nota: los enlaces al pie de cada foto contienen recetas (en inglés) de cada variedad de huevo. Para los valientes que se animen a probarlas o para los curiosos.

 

5 mitos y verdades sobre la sociedad estadounidense

En Uruguay circulan ciertos conceptos populares sobre la sociedad estadounidense que a la gente le gusta repetir. Algunos con fundamento y otros con muy poco. Para este post decidí analizar estos conceptos desde mi propia experiencia viviendo en el país y también investigando un poco.

1. “Los yanquis no tienen cultura general”: en general, cierto.
Cuando se trata de materias como historia y geografía, la educación básica estadounidense parece tener un foco muy específico: Estados Unidos. Si bien no realicé un estudio ni tengo estadísticas oficiales, me animo a decir que muchísimos estadounidenses conocen los nombres de sus 44 presidentes (algunos incluso los recitan de memoria en orden cronológico), saben ubicar en el mapa cada uno de sus 50 estados y nombrar sus capitales, pero sus conocimientos de historia y geografía universal (algunos básicos como ubicar las principales capitales europeas) son bastante limitados. Ellos mismos lo admiten y se aguantan de buena manera que latinos y europeos les tomemos el pelo al respecto.

2. “Estados Unidos es el país con más obesos del mundo”: hasta hace poco, cierto. Ahora ya no.
De acuerdo a un estudio realizado por la ONU en 2013, México ha sobrepasado a Estados Unidos como el país con mayor índice de obesidad. Esto no significa obviamente que la obesidad haya dejado de ser un problema en Estados Unidos – lo sigue siendo y grande. Las cadenas de comida rápida suelen cargar con la culpa, y por eso en los últimos años han realizado esfuerzos para mejorar su imagen ofreciendo opciones saludables en sus menúes, como ensaladas o sándwiches de bajo contenido calórico e incluso ofreciendo públicamente una lista de las calorías contenidas en cada uno de sus productos. Ahora… ¿quién va a McDonald’s y se pide una ensalada?

3. “En la guerra, Estados Unidos manda a negros y latinos al frente para que los maten primero”: falso.
Esta frase siempre me pareció una estupidez, pero por las dudas me tomé el tiempo de buscar cifras oficiales para corroborar. De acuerdo a un informe reciente del Congressional Research Service (CRS), el 82,6% de los militares fallecidos entre 2000 y 2014 son blancos. Quizás hace muchos años, en otras épocas, sucedía algo que incitó el origen de ese concepto, pero definitivamente no sucede en la actualidad.

4. “En Estados Unidos la Coca-Cola es más barata que el agua”: depende.
Es verdad que en algunos establecimientos las bebidas cola son más baratas que el agua embotellada. Y resalto “algunos” y “embotellada” porque no pasa en todos lados, y hay que diferenciar entre agua y agua embotellada. Los lugares donde es común ver esta diferencia de precios son locales de venta de bebidas y comidas en cines, eventos, atracciones turísticas y similares. También vale destacar que todos los restaurantes en Estados Unidos están obligados a servir agua filtrada gratis (esto es agua de la canilla pasada por un filtro). El agua en botella que siempre es más cara que las bebidas cola y que el agua “común” es el agua con gas. Por algún motivo que desconozco, el agua con gas se considera premium y solo hay una cierta cantidad de marcas en el mercado, la mayoría importadas, como Perrier o San Pellegrino.

5. “En Estados Unidos hay muchísima pobreza”: cierto, pero…
En Estados Unidos, un 15% de la población vive por debajo del índice de pobreza. Pero la pobreza en Estados Unidos no es lo mismo que la pobreza en Uruguay, así como la pobreza en Uruguay no lo mismo que la pobreza en Camboya. En Estados Unidos no hay asentamientos. Lo más cercano a un asentamiento son los trailer parks – predios llenos de casas rodantes que se alquilan como viviendas. También existen los barrios pobres compuestos en su mayoría de viviendas públicas asignadas a familias de bajos recursos. Si bien en ambos casos los índices de criminalidad pueden ser altísimos y la vida dista mucho de ser fácil, sus habitantes cuentan con cuatro paredes, un techo, electricidad, gas, agua corriente y saneamiento. Muchos pobres en Estados Unidos tienen auto, y muchos pobres en Estados Unidos son obesos. No se ven familias ni niños en situación de calle. De hecho, las personas que he visto en situación de calle suelen estar allí por propia voluntad y se componen en su mayoría de gente evidentemente psiquiátrica.

En conclusión, es difícil realizar afirmaciones categóricas sobre cualquier sociedad. En la mayoría de los casos se trata de generalizaciones y vienen cargadas con muchos matices de gris.

Manejar en Estados Unidos

Salvo contadas excepciones (ejemplo: Nueva York) es prácticamente imposible vivir en Estados Unidos sin moverse en auto. El transporte público en este país es limitado, ya sea en alcance, recorrido o  frecuencia – o todas los anteriores.

Houston es un excelente ejemplo: es la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos en base a población y extensión, pero no existe el subte (solo una especie de tren que circula por el Downtown y algunas zonas aledañas) y la gente me aconseja no tomarme los pocos ómnibus que hay disponibles porque al parecer, como acá todo el mundo tiene auto, la gran mayoría de los usuarios de los buses son gente de bajísimos recursos o ancianos. Incluso para viajar a ciudades cercanas, tomarse un ómnibus “es de viejo”. Los taxis son caros y demoran en llegar.

Esto es común en la amplia mayoría de las ciudades estadounidenses. Incluso en grandes urbes como San Francisco que sí tienen transporte público, muchísima gente no puede darse el lujo de vivir en la ciudad debido a los altos costos, y tienen que viajar todos los días desde los suburbios o pequeñas ciudades satélite a sus lugares de trabajo. Si bien podrían hacerlo utilizando medios de transporte público, demorarían el doble en llegar.

Como montevideana acostumbrada a tomarme ómnibus y taxis y llegar a todos lados en 15 o 20 minutos, esta nueva realidad fue un shock. Tuve que aceptar la idea de que sí o sí iba a tener que comprarme un auto y manejar a todos lados, y además que “tengo suerte” de que me lleve solo entre 30 y 40 minutos llegar al trabajo. Algunos de mis compañeros en la oficina manejan entre hora y hora y media todos los días para ir, y entre hora y hora y media para volver.

Pero hay buenas noticias:
1) Los autos son baratos. Como mencioné anteriormente, solo las personas de bajísimos recursos o en situaciones muy complicadas no pueden darse el lujo de tener un auto.
2) La nafta es barata (en comparación con Uruguay y otros países de América del Sur).
3) Las ciudades están construidas para los autos. Esto significa que existen autopistas y otros tipos de vías rápidas para agilizar el tránsito. Salvo durante las horas pico (conocidas como rush hour) se pueden recorrer grandes distancias en poco tiempo. Además, en general, todos los lugares de trabajo ofrecen estacionamiento para sus empleados.

Es por esto que uno de los primeros trámites que les conviene hacer a las personas que vienen con intenciones de quedarse a largo plazo es:

Sacar la libreta en Estados Unidos

En Estados Unidos está permitido manejar con libreta extranjera, pero solo por un tiempo limitado que varía de estado a estado. Además, la libreta de conducir es el documento oficial de identidad más popular. Algo así como la cédula en Uruguay.

Otro detalle a mencionar es que, al menos en Texas, no se puede comprar un auto sin tener seguro, y no se puede tener seguro sin presentar una libreta de conducir estadounidense o internacional.

Los ciudadanos de Canadá, Francia, Alemania y Corea del Sur pueden revalidar su libreta de conducir. El resto de los extranjeros que pretendan quedarse en Estados Unidos por tiempo extendido tienen que sacar la libreta del estado en el que vayan a residir, y esto implica dar el examen teórico y práctico. Deben presentar número de seguridad social y documento/s que prueben presencia legal en Estados Unidos (visa de estudiante o de trabajo, Green Card, etc.).

Cuando yo saqué mi libreta en Texas, me resultó muy similar al proceso de sacar la libreta en Uruguay, salvo una particularidad: para dar el examen práctico, uno tiene que llevar el auto, ya sea propio o prestado. El auto que se vaya a usar tiene que estar asegurado y cumplir con todas las normativas de seguridad (cinturones, luces, frenos, etc.).

Las leyes relacionadas con conducir y sacar la libreta varían de estado a estado, por lo que siempre conviene informarse con el Department of Public Safety (DPS) del estado pertinente.

Link útil: http://www.usa.gov/Topics/Foreign-Visitors-Driving.shtml

 

El país de las píldoras

Existen una serie de rasgos y comportamientos de la sociedad estadounidense que si bien para ellos son parte de la vida diaria, a mí como extranjera me llaman la atención, principalmente porque en Uruguay (todavía) no se ven estas cosas, aunque con la globalización eventualmente todo llega.

Mucho se habla en este país de la guerra contra las drogas. El gobierno destina millones y millones al año a combatir el tráfico y el sistema legal consta de leyes y condenas que en mi opinión son exageradamente severas para aquel que consume o vende cualquier tipo de estupefaciente ilegal.

Pero existen drogas legales que pueden llegar a ser igualmente dañinas y de cuyo riesgo poco se habla: Xanax, Vicodin, Oxicodona, Ambien, Adderall, etc., etc., etc. Cuando vivía en Uruguay, sabía de la existencia de estas drogas pura y exclusivamente a través de películas y series de televisión estadounidenses, siempre descritas con cierta trivialidad, como cuando el Dr. House se las ingeniaba para conseguir su Vicodin a través de técnicas truculentas. Después de un tiempo de vivir en Estados Unidos,  me di cuenta de que están en todas partes.

Uno de los rasgos que más sorprende de esta cultura de los fármacos es que están permitidos los comerciales de medicamentos con receta. Los veo en la televisión todo el tiempo. En general siguen un patrón: imágenes de gente feliz en un parque abrazándose con sus seres queridos, la frase “Pídale a su médico que le recete…”, y por último y lo más llamativo, la lista de horripilantes posibles efectos secundarios que es leída aceleradamente como las condiciones de participación de un sorteo, porque es obligatorio hacerlo. Viniendo de un país donde los únicos comerciales de medicamentos que se ven son para el dolor de cabeza, la acidez o el resfrío (también alguna que otra vez una pastilla anticonceptiva) ver comerciales de antidepresivos es un shock. Y el mensaje “Pídale a su médico que le recete…” es igualmente sorprendente. En Uruguay el médico es el que decide qué medicamento tengo que tomar, no voy y le pido que me recete una pastilla X.

Claro está, bajo estricta supervisión médica estos fármacos ayudan a la gente, pero es sabido que presentan un elevado riesgo de dependencia y abuso y, como nos han demostrado múltiples celebridades a través de la historia, mezclados con alcohol pueden ser letales. Si bien no soy médica y no puedo afirmarlo, me da la sensación de que los profesionales de la medicina son bastante rápidos para recetarlos. Y como para todo lo adictivo en esta vida, existe un mercado negro que abastece a aquel que no consigue la receta tan fácilmente.

Ahora, si bien muchos acusan a la multimillonaria industria farmacéutica de instigar todo este uso y abuso de medicamentos, lo que más me sorprende es lo dispuestas que están las personas a tomar todo tipo de píldoras. ¿No podés dormir? Tomate esta pastilla. ¿Tenés que mantenerte despierto? Tomate esta pastilla. ¿Te duele algo? Tomate esta pastilla. Para todo problema, hay una pastilla que lo soluciona.

Personalmente, prefiero confiar en la capacidad de mi cuerpo y mi mente para solucionar sus problemas y considerar los psicofármacos y calmantes con receta como un último recurso si todos los demás métodos fallan.

Viajar hacia, en y desde Estados Unidos

Hacia

El primer requisito para los latinoamericanos que desean viajar a Estados Unidos (y que no tienen un pasaporte europeo) es obtener una visa. Existen distintos tipos de visa según el motivo del viaje (turismo, estudios, trabajo) pero para todas aplica el mismo procedimiento: completar un formulario, agendar una entrevista en la sección consular de la Embajada de Estados Unidos y presentarse a la entrevista con los documentos necesarios (y pagar, por supuesto). Los documentos para la entrevista varían según el tipo de visa. Para la visa de turista en general se precisan documentos que prueben que la persona tiene lazos con el país de origen (el objetivo principal de la entrevista es filtrar a personas que podrían tener intenciones de viajar para quedarse) como recibos de sueldo, títulos de propiedad, cuentas bancarias, etc.

Consejo: nunca comprar pasajes sin antes tener la visa, y nunca ir a la entrevista sin una fecha definida de viaje. Las preguntas sobre el motivo del viaje y para cuándo está planeado son casi reglamentarias, y las respuestas vagas son perjudiciales. Siempre conviene responder de forma puntual y concreta cuando se puede.

A la hora de sacar los pasajes para viajes con conexiones dentro de Estados Unidos, conviene tener en cuenta que cuando se ingresa al país hay que pasar por migraciones y aduanas, y dependiendo del volumen de tráfico de pasajeros, esto puede demorar hasta una hora. A eso hay que sumarle que hay que levantar el equipaje, volver a despacharlo y encontrar la puerta de embarque. Si la duración de la escala no es suficiente, perder la conexión es muy factible. Personalmente, si hago escala en Miami intento que sea de por lo menos dos horas y media o hasta tres, para estar tranquila. La buena noticia es que si un pasajero pierde una conexión por demoras en migraciones y aduanas, la aerolínea lo tiene que reubicar en el próximo vuelo disponible sin costo adicional.

El pasaje por migraciones puede ser ágil e indoloro o todo lo contrario (yo experimenté ambos), dependiendo de la cantidad de gente y muchas veces de la personalidad del oficial de migraciones. Las familias que viajan a Disney en general solo tienen que responder algunas preguntas de rutina, mientras que las personas que viajan solas suelen ser sujetas a un cuestionario un poco más extensivo. Si al oficial de migraciones no le convencen las respuestas o hay algún problema técnico con los documentos o con las huellas digitales, la persona es conducida a lo que yo llamo “la pecera”, que es básicamente una sala en la que hay que sentarse a esperar mientras que los oficiales de migraciones realizan una verificación de antecedentes más exhaustiva. La pecera puede ser desesperante por varios motivos:

  1. Nadie está dispuesto a brindar información sobre cuál es el problema o cuánto va a demorar en resolverse. Hay que sentarse y aguantarse hasta que te llamen.
  2. No está permitido el uso de teléfonos celulares, por lo que no es posible comunicarse con el exterior.
  3. Esto es antes de levantar el equipaje, por lo que las valijas quedan abandonadas en un rincón.
  4. Perder la conexión es casi inevitable, salvo que la escala sea muy larga.
  5. El llamado no es por orden de llegada, sino que obedece a un orden misterioso que no pude descifrar.

Después de un tiempo que puede ser muy variable, un oficial de migraciones va llamando a las personas a un mostrador, les hace un par de preguntas más y (en la mayoría de los casos) les sella el pasaporte y son libres de continuar con su viaje.

Nota: al menos en el aeropuerto de Miami, prácticamente todos los oficiales de migraciones hablan español.

En

Una vez dentro de Estados Unidos, los vuelos internos suelen ser libres de dolores de cabeza. Para vuelos domésticos se requiere que los pasajeros lleguen al aeropuerto entre 90 y 60 minutos antes de la hora de partida. Los residentes de Estados Unidos ni siquiera precisan pasaporte, pueden presentar cualquier documento oficial, como la libreta de conducir. No hay migraciones ni aduanas. Sí hay que tener en cuenta que las reglamentaciones de equipaje casi siempre son distintas de las de los vuelos internacionales, y la mayoría de las aerolíneas cobran por despachar maletas, salvo que sea una conexión de un vuelo internacional y en ese caso no aplican dichas restricciones.

Desde

Salir de Estados Unidos por supuesto es muy sencillo. No hay migraciones ni aduanas y el equipaje se despacha solamente en el punto de partida (salvo que haya un cambio de aerolínea). Por este motivo es seguro coordinar escalas más cortas y relajarse.

Claramente los detalles de cada viaje dependen de las circunstancias de cada pasajero, de las aerolíneas y del país de origen, pero en líneas generales esto es lo que se puede esperar de una visita a Estados Unidos.

La cuestión del saludo en Estados Unidos

Los latinos somos besuqueros. Y dentro de los latinos, los argentinos y uruguayos somos los peores (o los mejores, según el cristal con que se mire) gracias a nuestra importante ascendencia italiana. El beso en la mejilla es el saludo por excelencia, ya sea entre hombres y mujeres, entre mujeres o entre hombres. Damos beso cuando llegamos, beso cuando nos vamos, beso cuando nos presentan a alguien, beso cuando nos encontramos con alguien, beso a los amigos y a los conocidos (a veces también a los desconocidos). Y es por eso que cuando me mudé a Estados Unidos, uno de los mayores desafíos fue frenar el reflejo de darle beso a todo el mundo y adaptarme al sistema de saludo de esta región.

En mi post anterior elaboré una lista de situaciones que llevan a momentos incómodos en Estados Unidos, y deliberadamente no incluí el tema del beso porque es tan pero tan incómodo que merecía un capítulo aparte. Si no me creen, pregúntenle a mi esposo estadounidense sobre sus experiencias saludando a mi padre uruguayo. Cuando una es mujer y anda repartiendo besos por Estados Unidos, en general no pasa de ser algo pintoresco, pero si uno es hombre, la incomodidad es extrema y puede convertirse hasta en violencia.

Formas de saludo en Estados Unidos

  1. Dar la mano es sin duda el saludo por defecto en Estados Unidos. Aplica especialmente cuando nos presentan a alguien, pero también como saludo de bienvenida o despedida con gente con la que no tenemos mucha confianza. Es usado entre hombres, entre mujeres y entre hombres y mujeres, y en circunstancias profesionales y sociales.
  2. Decir hola (o adiós) con la mano (conocido en inglés como wave) también es muy común. Cuando llegamos a un lugar con mucha gente que conocemos o no, es habitual hacer un saludo general con la mano en lugar de ir dando la mano uno por uno a todos los presentes. También es la forma de despedirse.
  3. Abrazo. El abrazo es lo más cercano al beso latino. Es un saludo que aplica cuando saludamos a gente de confianza, incluyendo amigos y familia. Sin embargo, en general es un abrazo cordial y amistoso. En otras palabras: no es un abrazo apretado. El abrazo apretado se reserva para circunstancias especialmente afectuosas, por ejemplo cuando nos reencontramos con seres queridos que no vemos hace tiempo.

Muy de vez en cuando podemos llegar a ver un saludo con beso, pero es más bien un delicadísimo “cachete con cachete” y besito al aire. Se estila entre viejos amigos/as y es siempre entre mujeres o entre hombres y mujeres, nunca entre hombres. Ser hombre y darle un beso en la mejilla a una mujer con la que no hay confianza de por medio puede considerarse un atrevimiento, y por ende puede llegar a desembocar en problemas si la mujer está acompañada por otro hombre. Ser hombre y darle un beso a un hombre seguramente sea malinterpretado y lleve a situaciones no deseadas.

Como latinos todo esto nos puede parecer horrible y frío, pero es una realidad cultural que conviene aceptar y respetar cuando estamos de visita o viviendo en Estados Unidos, especialmente cuando interactuamos con personas con las que no tenemos una relación de confianza. Así y todo, con el tiempo me he dado cuenta de que los estadounidenses tienen sus propias formas de ser cálidos sin involucrar contacto físico. La sonrisa y el tono de voz son dos claros indicadores. Que no estén dispuestos a dar o recibir un beso no significa que sean serios y distantes. Simplemente tienen una concepción distinta del “espacio personal”, al cual solo tienen libre acceso la pareja y la familia.

5 claves para no pasar vergüenza en Estados Unidos

A veces los hábitos y las costumbres que traemos de Uruguay nos pueden hacer pasar momentos un tanto embarazosos. Yo puedo decir que sufrí en persona las situaciones que enumero a continuación. Si bien no son graves, me han hecho ponerme colorada mas de una vez.

  1. Las puertas se abren hacia afuera. Este es el habito mas traicionero, porque es casi subconsciente. En mi caso, requirió que me llevara puestas varias puertas antes de sacarme la costumbre de abrirlas hacia adentro. Investigando un poco descubrí que esto tiene una razón de ser (ademas de hacerme pasar vergüenza): en caso de incendio o de cualquier emergencia donde un cumulo de gente tenga que salir corriendo del establecimiento, tiene mucho sentido que las puertas se abran hacia afuera para facilitar la salida en lugar de abrirse hacia adentro y convertirse en un obstáculo.
  2. No hay que darle la tarjeta al cajero. En Uruguay, a la hora de pagar en una tienda o un supermercado, se le entrega la tarjeta al cajero (el humano que trabaja en la caja) para que complete la transacción. Acá, si le doy la tarjeta a un cajero me queda mirando con cara de “¿Qué hacés?” y me señala la maquinita para que yo pase la tarjeta y firme en la pantallita.
  3. No existe el pistero. Esto en general nos lo ensenan las películas y ya lo tenemos claro cuando venimos a Estados Unidos, pero a veces la costumbre nos traiciona y al entrar a la estación de servicio quedamos parados esperando que venga alguien a atendernos hasta que nos avivamos de que acá es todo “self service”.
  4. Las monedas son traicioneras. Contrario a lo que pasa en Uruguay, las monedas en Estados Unidos no tienen grabado el número del valor que representan. En su lugar el valor aparece escrito. Por ejemplo: “Five cents” en lugar de un 5. Para colmo, existe una moneda que, pese a valer diez centavos, tiene escrito “One dime” (como si una tuviera que nacer sabiendo qué es un dime) y es más chica que la de cinco centavos, pese a valer el doble. Esto me ha llevado a situaciones incómodas cuando estoy contando las monedas para pagar en algún lado.
  5. Se puede doblar a la derecha con luz roja. Excepto muy contadas excepciones (que incluyen a la ciudad de Nueva York) en Estados Unidos se puede doblar a la derecha con luz roja, salvo que un cartel indique lo contrario. Esto significa que si tengo el señalero puesto y me quedo parada en la esquina esperando la luz verde pese a que no viene nada, es muy probable que el auto que viene atrás se impaciente y me pegue un buen bocinazo.

Como dije anteriormente, es todo cuestión de sacarse las costumbres, pero a alguno que otro le puede servir estar al tanto de estos detalles con antelación. 

5 “tips” y apreciaciones para tener en cuenta al ir de compras en Estados Unidos

En honor a todos los extranjeros que como yo disfrutan de las compras a un nivel casi compulsivo, al reciente Black Friday y al próximo Cyber Monday, paso a enumerar una serie observaciones recavadas tras largas y sacrificadas horas de shopping en Estados Unidos:

  1. Devoluciones. Algo que me parece excelente como consumidora es que todas las tiendas en las que he comprado aceptan devoluciones por reembolso “no questions asked”. Esto quiere decir que si no estoy contenta con el producto, cambié de opinión, no me quedó bien o es defectuoso, puedo devolverlo y pedir que me reintegren mi dinero sin que nadie me haga problema y sin importar el método de pago que haya utilizado. Obviamente, el producto tiene que estar en las mismas condiciones en que lo compré y siempre hay un límite de tiempo para hacer esto. Anécdota: una vez compré una chaqueta en un local en un shopping, y al rato encontré una muy parecida y más barata en otra tienda. Compré la más barata también, volví a la primera tienda y devolví la más cara por un reembolso. Todo esto en una hora. No tuve ningún inconveniente.
  2. Servicio. Una vez más, tengo que destacar el servicio, tan bueno que a veces hasta molesta. No es extraño que las tiendas tengan a una persona a la entrada recibiendo a los clientes con una gran sonrisa, un “bienvenidos” y un breve resumen de las ofertas del día. Tampoco es raro recorrer un local y que se te acerquen dos o tres empleados a preguntarte si está todo bien y si precisás ayuda. En varias tiendas de ropa, si ven que estás agarrando muchas prendas, te ofrecen una bolsa de compras o “abrirte un probador”, esto es: te llevan las prendas que andás cargando a un probador y te lo reservan hasta que estés listo/a para probarte. Todo esto por supuesto varía según el lugar y el volumen de clientela: cuando la gente inunda la tienda, mejor no esperar atención personalizada.
  3. Tecnología al servicio de la experiencia de compra. En Estados Unidos, la gran mayoría de las tiendas cuentan con gadgets electrónicos que reducen las esperas y las demoras. Por ejemplo: en las tiendas de ropa o zapaterías, los empleados rara vez van físicamente a buscar otro talle. En su lugar tienen una vincha o algún tipo de dispositivo que utilizan para comunicarse con la gente que trabaja “tras bambalinas” y hacerles preguntas de stock. Si el talle o color está disponible, estas mismas personas suelen ser las encargadas de traerlo. Un caso extremo que recuerdo es una tienda de Nike donde tienen un “ascensor” donde viajan las cajas con championes desde el depósito si se las solicita. Otro ejemplo son los POS (la máquina donde se pasa la tarjeta de crédito) que en casi todos los locales comerciales de Estados Unidos son “auto-service”, es decir que uno pasa su propia tarjeta, acepta el importe y firma, todo en una pantalla digital con un lapiz óptico. El empleado nunca toca tu tarjeta y evita el uso de vouchers de papel y lapiceras.
  4. Price-matching. Consiste en equiparar el precio de la competencia o devolver la diferencia. Es decir, si compro un artículo en un comercio y al otro día lo encuentro más barato en otro lado, puedo volver al lugar donde lo compré llevando evidencia del precio de la competencia y preguntar si me devuelven la diferencia. A veces no hace falta llegar a comprar, se puede ir directamente a la tienda mostrando que la competencia ofrece un precio más bajo y te lo igualan en el momento. El price-matching no se ofrece en todos lados, pero nunca está demás preguntar, ya que es bastante común.
  5. Respetar el precio ofrecido, sin importar si es erróneo. A veces pasa que los precios ofrecidos en un sitio web, catálogo o cualquier tipo de material promocional de una empresa no están actualizados o son erróneos. Bueno, en Estados Unidos, si presento dicho material promocional en el comercio, están obligados a respetar el precio. Esto parecería ser ética básica para cualquier empresa seria, pero me ha pasado más de una vez en Uruguay que no se hagan cargo.

Salir de compras en Estados Unidos suele ser una experiencia disfrutable, salvo en días de histeria colectiva como el Black Friday, donde se pueden ver situaciones como esta.